Les juro que no peleábamos de novios. Ahorita a veces parecemos ring de lucha. Incluso antes de casarnos una señora me dijo que no nos conocíamos si no habíamos discutido. Pero tú estás toda pequeña creyéndote adulta porque vas a casarte con el amor de tu vida y en ese momento las ilusiones y tus sueños de cristal son mucho más importantes que todo lo demás. Y está bien, porque así es el noviazgo y así debe de ser puro enamoramiento y derroche de mucho amor porque lo que viene a continuación no se sobrevive si no hay amor.

Y es que luego te casas y empiezas a discutir porque cierta persona entro con los zapatos sucios y tú acabas de trapear o porque no llega a desayunar cuando el huevito está caliente pero bien que te grita mil veces “ahi voy” o porque no puedes creer que tenga casi 30 años y no sepa poner la ropa sucia en el cesto o el cepillo de dientes en el vasito y así pleitecitos que luego comentas con tus amigas porque si en efecto hay que hablar de que el matrimonio no es nada fácil.

Y hasta aquí todo bien. Nada que aprender a elegir tus batallas para no ser siempre la bruja no resuelva, claro que la enojona es una siempre sin importar si alguien más apretó el gatillo para tirar la bala. Pero bueno ninguna nos morimos por bajar la tapa del escusado sin hacer un drama por ello pero a mi me gustaría que se hablara más sobre cuando un matrimonio realmente tiene que ser matrimonio y menos de que “no hay que ir a la cama enojados nunca” porque luego a la hora de que al marido se le atoraron las finanzas y hay que apretarse el cinturón o de que su decisión de ser padres se está tardando un poco más de lo que quisieran, o cuando hay un problema de salud y ese tipo de cosas que a todos nos va a tocar vivir de una manera u otra, llegan, hacen un temblor y mueven todos los cimientos mal instalados que la abuela, tía o mamá se les olvidó decirnos en el shower bíblico por darnos un costurero y un consejo de siempre planchar bien la camisa al hombre para que sea exitoso en su trabajo.

A mi la neta nadie me dijo “oye mamacita vas a tener que sacar la casta a fuerzas y aprender a amar a tu marido a pesar de…. y no una sino mil veces” y a él tampoco nadie le dijo que yo me iba a convertir en su peor pesadilla de vez en cuando ni que le iba a platicar sobre el padrísimo y carísimo regalo que le dio el esposo de mi amiga tirándole una piedrita más al costal.

El matrimonio no es fácil. Ni para nosotras ni para ellos. No todos logran llegar a viejitos y sus razones buenas tendrán. Cada matrimonio es diferente y pasan sus retos pero lo que si es un común denominador es que todos portamos un anillo al inicio que simboliza estar en las buenas y en las malas y a la hora de las malas pues no todo mundo estamos. Y no estamos porque seguimos enganchados con el cuento de hada donde el amor siempre triunfa y la peor pesadilla es no ir con el vestido correcto. ¿El príncipe se hubiera quedado con la princesa si hubiera sido una chancla lo que se hubiera caído y no una zapatilla de cristal?

Y bueno lo que yo quería decir es que el amor evoluciona. No siempre va a tener cara de recién comprometido, de Luna de miel o de viaje de aniversario e hijos hermosos que son una botana. El amor también está en esos días que parece no haber comunicación, en esos días que la presión de las cuentas se siente mucho, en la búsqueda o consuelo de querer una familia más numerosa, en la salud y en la enfermedad; literal. Hay mucho que aprenderles a las abuelitas y no por soportar de todo sino por qué en ese tolerar fueron capaces de reconocer lo mejor del otro y seguir hasta ver a sus nietos correr por el jardín. A veces nos las damos de muy fregonas porque pues los tiempos te dicen qué hay que ser una mujer empoderada y ahí estamos por todos lados queriendo todo, pero repito, vienen los problemas de verdad y ¿qué tanto aguantas? No me mal interpreten no se trata de aguantar vagos ni golpes ni mucho menos. Pero si se trata mucho de saber llevar una cruz más que portarla como medallita.

Hace poco me contaron que “es que ya no hay amor y nos peleamos todo el día” ¿será que no hay amor o que quieres que el amor se vea siempre igual? Yo no dejaría de comprar aguacate porque a veces salga negro o esté muy duro. Sigue siendo de mis comidas favoritas aunque no siempre se salga a la perfección de la cáscara.

Siento que le di muchas vueltas pero en fin así es el amor ¿no? Sube, baja, te esquiva, te abraza te hace llorar y reír, te frustra o te motiva y pues que cool si lo sabes reconocer aun cuando como el aguacate este negro o verde deli.