A menudo me hacen y yo misma me cuestiono muchas cosas sobre mi maternidad. No las típicas preguntas de “¿Qué usaron en la dentición?, ¿Qué le pones para la fiebre?”. Más bien las que parecen Filosofía 101 “¿Tus hijos te impiden progresar en el trabajo?, ¿eres una mamá presente?, ¿te sientes satisfecha?, ¿estás segura que puedes con la carga?”.

Pienso que si pronto hubiera una noticia de un tercer hijo, más que felicidad, a mis cercanos les traería preocupación. Por el momento creo que no daré ese anuncio pero dicen por ahí que uno pone y Dios dispone.

Y es algo que como mamá siempre te cuestionas. Pareciera que tenemos un chip instalado que nos hace siempre pensar de más, que si el embarazo, que si el ácido fólico, que si el parto, el ginecólogo perfecto, la cesárea humanizada, la lactancia y la fórmula, que si ya rueda, ya se sienta solo, la introducción a los alimentos, la dormida y las siestas, los virus, las piñatas “¿doy sobre o está vez juguete?”, el control de esfínter, el shampoo sin parabenos, y bueno hasta ahí la dejamos porque nunca terminaría este post.

Lo que pretendo es aclarar el panorama antes de seguir. Como mamá todo es importante, todo pesa mucho. Cada decisión, aún las más pequeñitas definen la vida de un ser humano pequeño, tierno e inocente. La mayoría de las veces te encuentras lejos de ser la prioridad. Todos en tu familia van antes que tu. Aunque sepamos que para estar bien con los demás hay que estar bien con uno mismo, seamos realistas, para las mamás este dicho no siempre aplica porque aunque una no esté al cien a pesar de equis carga que se esté enfrentando, a los hijos siempre se les apoya, se les abraza, se les explica, se les consiente, por supuesto se les viste lindisimos y sobretodo se les ama incondicionalmente.

Es obvio entonces que para algunas personas una mamá que sale a trabajar y usa a la niñera, la guardería o el horario extendido a su favor sea motivo de verle como un ser de otra tierra pero nunca debe ser juzgada como menos madre porque si, si dejas de ser muchas cosas pero mamá de tiempo completo nunca.

No se trata de que me vean de 3:30-7:30 por la tarde en piñatas, parques y play dates. Tampoco es sobre si mi hija es la mejor peinada del salón y con el lunch más elaborado. Mucho menos es sobre si estoy en la mesa directiva de la escuela o soy la soccer mom que lleva sueros para todos en la cancha.

Ser mamá se trata de amar sin control, de comenzar una nueva vida donde los hijos no te arrebatan el futuro sino que te crean otro. Es dormir menos pero soñar más. Es una profesión que te da el título antes para luego iniciar las materias que más te van a enseñar en la vida y donde la tesis para graduarte significa que así seas ama de casa, mujer empresaria, mamá fit, trophy wife, soccer mom, sucker mom too jaja, mamá de fachas o hostess with the mostess, eres una gran mujer que dio vida a 1,2,3,4,5, o más personitas y que por el solo hecho de haber oído un latido dentro de ti te hizo una guerrera que entregó a la vida un ser humano capaz de todo. Y si ese hijo en el que tú estás pensando en este momento es motivo de ilusiones grandes como verlo y pensarlo ser doctor, futbolista, bailarina, agro titán, empresario, abogada, etc. puede serlo todo en la vida ¿porqué nosotras no?

La próxima vez que señales a una mamá como “menos madre” por hacer las cosas diferentes, piénsalo dos veces. No hay un libro con la verdad absoluta sobre motherhood 101 en el que te enseñe cómo llevar a tus hijos a vivir una vida de felicidad verdadera y de éxito. Lo que si es una verdad absoluta es que una vez mamá eres mamá para siempre.

Besos a todas mis working moms